JOSE ANGEL IZQUIERDO GONZALEZ IN MEMORIAM

 

José Ángel Izquierdo González se graduó en La Universidad de La Habana como Licenciado en Historia y Licenciado en Derecho. En esta última carrera ejercicio la profesión de Abogado en el Bufete Colectivo de La Lisa en Ciudad de La Habana. Exiliado en España desde inicios del 2000 encontró una prematura muerte durante un insólito accidente automovilístico en Miami el 2 de Noviembre del 2013 donde residía.

Como Abogado Penalista ejerció un derecho técnico gracias a su profundo conocimiento de la jurisprudencia penal. Como Abogado Agramontista fue firmante de la Solicitud de Amnistía a la Asamblea Nacional del Poder Popular, la Petición de Enjuiciamiento Criminal en los hechos del Remolcador 13 de Marzo y otras numerosas peticiones al gobierno Cubano exigiendo cambios en el Código Penal y la Ley Procedimiento Criminal. Abogado Defensor  de una plétora de disidentes y opositores entre ellos  Rene de Jesús Gómez Manzano, Félix Antonio Bonnet Carcasses, Leonel Morejón Almagro, Lázaro González Valdés, Roberto A. López Montañez, Lázaro García Cernuda, y Reinaldo Alfaro García.

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“FUGA DE CAPITALES”, CUANDO CONVIENE…

  

La prensa oficialista cubana continúa intentando justificar la arremetida gubernamental contra algunos cuentapropistas 

El pasado lunes, el periodiquito Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, publicó, bajo la firma de Oscar Sánchez Serra, un artículo que aborda las últimas medidas del régimen que han afectado a distintos trabajadores por cuenta propia. Su título: “Preservar la legalidad y el orden: un interés de todos”.

Nuestro fin no es discrepar a ultranza del objetivo que enuncia el nombre que acabo de citar. En un plano hipotético, ¿alguien será capaz de impugnar la conveniencia de respetar la ley y mantener el orden! El problema radica en qué contenido concreto se le asigna a ese enunciado teórico por los escribidores castristas; en este caso específico, por Sánchez Serra.

Al comienzo de su trabajo, el colega arremete contra “quienes piensan que la nuestra es una sociedad acrítica, que no opina”. Según él, el sistema totalitario —al que él llama “la Revolución”— “nos ha convocado a ejercer el criterio para, entre todos, encontrar las mejores soluciones”.

El articulista de Granma emplea su optimismo incombustible para referirse al tema de las medidas adoptadas por el régimen castrista contra determinados trabajadores por cuenta propia, al cual dediqué mi artículo “El beso de la muerte”, publicado por CubaNet hace una semana. En particular, el colega ataca a los dueños de salas de exhibición y de videojuegos, así como contra los vendedores de confecciones extranjeras y de “artículos varios de uso en el hogar”.

Sánchez Serra ridiculiza en este contexto el concepto de “unanimidad”. “Ni asomo de eso hay en el abanico social sobre este tema”, ironiza. Lástima que, unas líneas después, afirme de modo tajante: “Tampoco asoman contradicciones antagónicas”.

¡Menos mal que el pudor le aconsejó reconocer la inexistencia de opiniones unánimes sobre el tema! ¡Resulta difícil imaginar una contradicción mayor que la existente entre alguien que ha desembolsado miles de dólares para acondicionar una sala de exhibición y los burócratas que, al prohibirle continuar su actividad, lo condenan a perder todo lo invertido!

El escribidor castrista se entrega a disquisiciones acerca de si las licencias en las que se amparaban los cuentapropistas afectados contemplaban o no las actividades que venían realizando. Lo que en modo alguno se cuestiona es la retorcida concepción misma que ha primado en este asunto. Ésta consiste no en admitir todas las actividades particulares (quizás con alguna excepción específica), sino —por el contrario— tolerar sólo aquellas que estén previstas de manera expresa en una lista limitada y casuística.

Sánchez Serra elogia la “sabiduría inmensa” de uno de los que se pronunció sobre el tema de las ventas de confecciones extranjeras. El opinante se pregunta: “¿Se han puesto a pensar cuántos millones de dólares se fugan del país por esas compras que después no se revierten en la población?”.

Según las peculiares ideas económicas de ese señor (con las que Sánchez Serra se identifica de lleno), esos comerciantes “cambian aquí CUC por USD y se los llevan a otro país para comprar”. Acto seguido, sentencia de modo terminante: “Eso es fuga de capitales”.

Parece que tanto el opinante en cuestión como el plumífero castrista no tienen presente algo obvio: ¡Comprar con dólares en el extranjero es justamente lo mismo que hace el régimen cubano cada vez que su Ministerio del Comercio Exterior adquiere artículos en otro país!… ¿Se atreverán a acusarlo también de “fuga de capitales”!

Con respecto a las exhibiciones cinematográficas, se refleja que algunos “abogan por la regulación de esos espacios a partir de la política cultural del país” y apoyan “una fiscalización de ellos para impedir la promoción de códigos ajenos a nuestros principios y valores como sociedad”. Aunque impugnan el despojo, respaldan —pues— el establecimiento de una nueva especie de Index Librorum Prohibitorum, sólo que ya no en los tiempos oscurantistas del Medioevo, ¡sino en pleno Siglo XXI!

¡Por esos senderos marcha la argumentación de los castristas cuando se afanan por justificar las últimas medidas del régimen contra algunos trabajadores por cuenta propia!

La Habana, 12 de noviembre de 2013

René Gómez Manzano

Abogado y periodista independiente

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UN EVENTO CIENTÍFICO CONSAGRADO A CUBA

 

UN EVENTO CIENTÍFICO CONSAGRADO A CUBA

El pasado sábado concluyó la conferencia anual de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE por sus siglas en inglés), que sesionó en Miami por espacio de tres días. Pude participar en el importante evento gracias a la generosidad de esa organización no gubernamental, y lo hice aún bajo la gratísima impresión que recibí al llegar a esa urbe.

Supongo que todo viajero que arribe a la metrópoli del sur de la Florida tendrá una sensación de anonadamiento similar a la que experimenté en su imponente aeropuerto. He visitado otros muy importantes, como los de Frankfurt, Colonia y Madrid, pero pienso que el de Miami los supera. ¡Hasta un tren tuve que abordar para trasladarme entre distintas areas de ese inmenso centro de transportes!

Después quedé impresionado por la tremenda imagen de modernidad y pujanza que exhibe esa que, por el número de cubanos que vive en ella, es nuestra segunda ciudad, superada sólo por La Habana. Se sabe que hace medio siglo, al conjuro del apellido Castro, se instauró en el Archipiélago el regimen comunista. ¡Pensar que en esa época Miami representaba apenas una pequeña fracción de la capital isleña!

Sin embargo, gracias a su cercanía a esta última y a su clima —tan parecido al de Cuba— fue el lugar de asentamiento preferido por los miles de inconformes con el castrismo que de inmediato comenzaron a escapar de la Isla. ¡Fueron mis compatriotas quienes mayor aporte hicieron al crecimiento poblacional de Miami y a su impetuoso desarrollo económico. Fue ese sitio tan cubano el escogido por la ASCE para celebrar su conferencia.

Desde hace años yo tenía referencias de la formidable labor que realiza la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana. En más de una ocasión tuve la oportunidad de examinar las gruesas memorias que cada año publica esa entidad con los trabajos presentados a la correspondiente conferencia. Fue por esa vía que pude constatar el elevado nivel científico que prima en las monografías elaboradas.

Pero leer una serie de artículos es muy diferente de escuchar su exposición en vivo seguida del intercambio académico de ideas suscitado por cada uno de ellos. Fue con mi participación directa en la Conferencia de 2013 que pude aquilatar en toda su magnitude la seriedad con que economistas y otros especialistas cubanos (unidos a algunos de otro origen) abordan el estudio de toda esa problemática en los marcos de la ASCE.

Por sólo mencionar las dos conferencias con las que se inició el evento, aludiré a las brillantes intervenciones del profesor Carmelo Mesa-Lago (“Panorámica de las reformas de Cuba y sus efectos”) y de Rolando H. Castañeda (“Análisis de las reformas socioeconómicas raulistas, 2007-2013”). En trabajos como ésos y varios más se hace una disección tremendamente seria y profunda de los diversos problemas económicos, politicos y sociales que aquejan a la Cuba de hoy.

El actual presidente de la Asociación, el doctor Ted Henken, puso de manifiesto en una graciosa presentación que mientras en Cuba son abandonados el “trabajo voluntario” y otras concepciones publicitadas en su momento por el médico Ernesto Guevara, los miembros de la ASCE no sólo se abstienen de percibir ingresos por la labor que realizan en el seno de la organización, sino que contribuyen con generosidad al sostenimiento de ella.

La seriedad de esa actividad, que pude constatar de manera personal, me permite afirmar que cuando en nuestra Patria se acometan por fin los cambios profundos que se requieren para sacar al país del marasmo en el que está sumido, los trabajos científicos elaborados en los marcos de la ASCE, así como los sólidos conocimientos de los hombres y mujeres que la integran, contribuirán de manera destacadísima en ese empeño.

Miami, 6 de agosto de 2013

 

René Gómez Manzano

Abogado y periodista independiente

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CAMBIOS LEGISLATIVOS EN CUBA

El pasado 25 de junio de 2013  fue publicado el Decreto-Ley 310, que modifica determinados artículos del Código Penal y de la Ley de Procedimiento Penal. La nueva disposición deberá entrar en vigor el primero de octubre del 2013.

 Lo primero que habría que recalcar es que estos cambios no constituyen la reforma general de la ley de represión criminal, sobre la cual se ha venido hablando desde hace años. Así lo plantea el único Por Cuanto del Decreto-Ley, donde se aclara que éste se dicta “a reserva del trabajo que se ejecuta de manera integral en el estudio de la legislación penal”.

Como jurista, opino que la modificación más importante es la que se le hace a los artículos 8 y 9 del código de trámites de lo criminal: De acuerdo con lo ahora dispuesto, los delitos sancionables con penas de entre tres y ocho años de privación de libertad dejarán de ser conocidos por los tribunales provinciales para pasar a los municipales.

Resultan muy ilustrativos los cambios que a lo largo del tiempo ha introducido el régimen castrista en este tema. Los antiguos juzgados correccionales, que eran los encargados de la represión de menor nivel, estaban facultados para imponer castigos de hasta sólo seis meses de prisión, o multas no mayores de 180 cuotas.

Ya bajo el régimen castrista, esos órganos judiciales unipersonales fueron reemplazados por otros de carácter colegiado: los tribunales municipales, a los que se autorizó de inicio a conocer de los delitos sancionables hasta con nueve meses. Después, ese límite se aumentó a un año. Más tarde, a tres. Y ahora se les acrecienta la competencia hasta los ocho años.

Resulta conveniente aclarar que el hecho de limitar los jueces correccionales al conocimiento de las infracciones penales leves tenía su justificación: Como es lógico, se trataba de los funcionarios judiciales más jóvenes y de menor experiencia. Al restringir sus atribuciones, se reducían los peligros de que ocasionaran perjuicios con cualquier decisión incorrecta.

Este razonamiento sigue siendo válido. Sin embargo, el régimen comunista, ante el aumento exponencial de los delitos que se cometen, ha hecho caso omiso de este aspecto de la cuestión, y —como queda dicho— ha aumentado —¡nada menos que un total de 16 veces!— la duración de las sanciones de privación de libertad que esos jueces inferiores pueden imponer.

De manera análoga, se ha ampliado una potestad de la policía: la de, en vez de someter un caso al tribunal municipal, aplicar una multa administrativa. Antes, esto sólo podía hacerse cuando la sanción imponible era de hasta un año de prisión; ahora se ha ampliado este límite hasta los tres años. No obstante, en estos nuevos casos, “se requiere la aprobación del Fiscal”.

La otra modificación importante es que si el tribunal juzgador considera que la pena prevista en el Código para la modalidad agravada de un delito, aun en su límite mínimo, es demasiado severa, puede fijar un castigo enmarcado en la modalidad básica del mismo delito. Esta regla ya regía, pero en virtud de una instrucción judicial. Ahora adquiere rango de ley.

Hasta aquí, los cambios más sustanciales introducidos por el Decreto-Ley 310. Hay otras modificaciones, pero que son más bien de detalle. Por ejemplo, se dispone que las decisiones que afecten a los ciudadanos presos sean tomadas no por el tribunal sancionador, sino por el que corresponde al centro penitenciario en que se encuentren.

De manera análoga, en los casos de reos no privados de libertad, se establece que las disposiciones que modifiquen su status legal también dejen de ser tomadas por el órgano jurisdiccional que los condenó; esa función las asumirá el tribunal correspondiente a su domicilio.Hay algunas otras innovaciones secundarias: Se aumenta de cinco a diez días el término para establecer el recurso de apelación contra las sentencias que dicten los tribunales municipales en casos sancionables con más de un año de cárcel. Se faculta a estos mismos tribunales para ejecutar las sanciones “que no conlleven internamiento”.

Si se me pidiera calificar estas reformas, las describiría como contradictorias. Por una parte, hay medidas que tienden a reducir el alarmante número de encarcelados (como la que amplía las posibilidades para dictar multas administrativas). Por la otra, preocupa que los tribunales municipales puedan imponer sanciones de hasta ocho años de prisión. Deberemos mantenernos atentos a la práctica en la aplicación de estas nuevas disposiciones.

La Habana, 28 de junio de 2013

René Gómez ManzanoAbogado y periodista independiente

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ESPÍAS BUENOS Y NEGROS MALOS

 

 

Se han cumplido sesenta años de la ejecución de los esposos Julius y Ethel Rosenberg, condenados a muerte en Estados Unidos por espiar para la Unión Soviética. La propaganda castrista recordó la fecha; el diario Granma publicó un artículo de Dalia González Delgado, en el cual califica el ajusticiamiento como un “asesinato legal”.

Los agitadores de pluma suelta del régimen cubano actúan como si todavía estuviéramos en 1953, cuando los partidarios del comunismo internacional —algunos tal vez de buena fe— denunciaban la detención y el enjuiciamiento de la pareja de judíos neoyorquinos como una clamorosa injusticia.

Los que erigieron el monumento a los Rosenberg en la esquina habanera de Paseo y Zapata, al igual que quienes al cabo de seis decenios siguen defendiendo la actuación del matrimonio, parecen no haberse enterado de los muchos elementos probatorios que han ido aflorando y que indican la responsabilidad de ambos, sobre todo del marido.

¿Desconocen esas personas que Nikita Jruschov, en sus memorias, expresó no poder precisar en qué consistió el apoyo específico brindado por ellos a la URSS, pero reconoció que, por conducto de Stalin y Mólotov, supo que el matrimonio “había prestado una importante ayuda para acelerar la fabricación de nuestra bomba atómica”?

¿Ignoran que los criptógrafos del proyecto americano-británico VENONA descifraron materiales —desclasificados ahora desde hace años— que demuestran que Julius Rosenberg era un espía y reclutador al servicio del Kremlin? Aunque parece que la importancia de los secretos nucleares que reveló no fue tan grande como se creyó en su momento, la información que suministró en otros campos fue amplísima.

Con el paso del tiempo, algunos de sus compinches, que lo negaron todo durante años, han reconocido su participación. ¿Habrán sentido arrepentimiento por haber traicionado a su Patria en provecho de una potencia criminal y feroz? ¿Por ayudar nada menos que a la Rusia de Stalin? Morton Sobell, quien purgó casi 18 años de encierro por la misma causa que los Rosenberg, reconoció en 2008 que conspiró para entregar a los soviéticos información industrial y militar clasificada.

Alexánder Feklísov, el oficial que actuó como contacto entre el espía y sus jefes de Moscú, sostuvo no menos de cincuenta encuentros con el primero. El ruso planteó en un libro que el señor Rosenberg no dominaba el tema atómico y por ende no pudo prestar mucha ayuda en este asunto. No obstante, reconoce que él sí suministró datos de inmensa utilidad sobre los sistemas electrónicos de los Estados Unidos.

En cuanto a Ethel, las nuevas informaciones no confirman su plena responsabilidad, aunque sí indican que por lo menos conocía los malos pasos de su marido y colaboró de modo consciente con él. En el caso de ella, los datos suministrados por VENONA resultan más ambiguos.

En resumidas cuentas, lo que a estas alturas puede ser objeto de dudas no es si fue justo o no sancionar al matrimonio como espías al servicio de la Unión Soviética, sino si sus actividades ameritaban la pena de muerte. Esto último resulta particularmente cierto en el caso de la mujer.

Por supuesto, ya se sabe que, en su tiempo, el rojerío internacional no anduvo con tales exquisiteces. Las acusaciones contra el “criminal imperialismo yanqui” llovían sin descanso. El inefable Jean-Paul Sartre calificó el caso como “un linchamiento legal que mancha de sangre a toda una nación”. Pablo Picasso se refirió a un “crimen contra la humanidad” (frase que el Granma repite ahora gustoso). En general, los franceses se dedicaron a hablar del “affaire Dreyfus americano”.

Pero debemos reconocer que esos personajes, al igual que muchos otros de ideas afines —Bertold Brecht, Dashiell Hammett, Diego Rivera, Frida Kahlo— actuaban al calor de los acontecimientos, y no conocían —ni podían conocer— las revelaciones y confesiones que sólo se hicieron públicas con el paso de los lustros.

No obstante, resulta obvio que esa justificación no puede alcanzar a quienes —¡a estas alturas!— insisten en los mismos temas gastados de la desfasada propaganda bolchevique. Ni siquiera aunque se utilice como ingrediente fundamental —como se hace en el artículo del Granma— la sensiblería lacrimosa.

Dalia González señala compungida: “Cuando Ethel caminaba hacia la silla eléctrica sabía que su esposo ya había sido ejecutado. ¿Cómo imaginar los últimos minutos de dolor de esa mujer? Pensaría acaso en los años felices, en los dos niños pequeños que dejaban”.

Como la colega escribe en la prensa oficialista cubana, debo confesar que su misericordia hacia los espías extranjeros me resultaría más creíble si ella hubiera mostrado igual compasión por los tres compatriotas nuestros de raza negra (por sólo citar el caso más reciente) que en 2003 fueron fusilados en menos de una semana por intentar secuestrar una embarcación, en un hecho que duró unas pocas horas y no ocasionó desgracias personales.

La Habana, 20 de junio de 2013

René Gómez Manzano

Abogado y periodista independiente

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CHAVEZ, EL CHAVISMO, MADURO Y CAPRILES

Por Faisel Iglesias
Abogado y escritor

Fundador del Movimiento de Abogados Disidentes Cubanos y de.

La Unión Agramontista de Cuba y de La corriente Agramontista.

José Martí, primero, y Alejo Carpentier después, nos alertaron del peligro que significa que los líderes de las revoluciones las sobrevivan. El caudillismo pos independencia le hizo decir con angustia: “sigue la colonia en las republicas”

Claro, el voluntarismo, la conducta intransigente, el liderazgo individual, el esfuerzo heroico, tan necesario en épocas convulsas, en tiempo de paz es un peligro.

Hugo Chávez tuvo la visión y la capacidad de poner la pobreza sobre la mesa y darle protagonismo a los que por más de 500 años no fueron más que parias, en virtud del que quizás siga siendo el método más adecuado en América Latina; el liderazgo personal.

El Nuestra América, como la llamaba José Martí, el estado, no surgió como un instrumento creado por el propio pueblo para organizar debidamente la vida pública. Fue implantado violentamente por saqueadores foráneos como instrumento de coacción y fuerza. Por eso no vemos a los gobernantes como servidores públicos, sino como oportunistas en el ejercicio del poder.

Agotada la primera etapa de la revolución, el proceso debe ir a un nuevo estadio cualitativo. Ya las capacidades de un solo hombre no pueden ser suficientes para echar a andar a millones de seres humanos. Seguir así seria privarlos del libre albedrio, castrarles sus potencialidades individuales; una contrarrevolución.

Es necesario apoderar al pueblo de su dignidad, del ejercicio pleno de cada individuo del sí mismo. En fin hacerlos soberanos, porque Dios nos hizo a su imagen y semejanza; creadores de instituciones capaces de canalizar las fuerzas creadoras de cada uno en particular y de la sociedad en general. Y Chávez, el venezolano más culto de su tiempo (si por ello entendemos, a un ser capaz de conocer a su medio y actuar en consecuencia), supo que tenía que morirse, porque ya el Chavismo no podía seguir siendo Chávez y el no podía dejar de ser quien era.

“Chávez, eres tú, niño. “Chaves eres tú, soldado”. ”Chaves eres tu obrero” “Chávez eres tú, mujer”. – Lo grito cuando ya sabía de su partida y tenía conciencia que se iba a quedar de otra manera :

“uno se va, pero no se va, pues”.

Y el pueblo chavista le respondió:

“Yo soy Chávez”

Sin embargo, como concepto de sociedad, estado y derecho, eso significaría que el pueblo se erija en ciudadano y el estado un mero instrumento a su servicio. Y América Latina no conoce esa dimensión del hombre, de la sociedad, del estado y del derecho. El otro no es un simple adversario que con otra visión, otro proyecto procura, un mejor país, sino, un enemigo mortal al que hay que aplastar.

Conquistados por la España invadida por los moros por ocho siglos, la España que a la Revolución Francesa opuso los déspotas ilustrados, pero déspotas al fin, la España que implantó en este lado del mar un estado de cosas, como instrumento de dominio y saqueo, donde todos los poderes estaban concentrados en una sóla persona, nuestros gobernantes han sido, unos tras otros, un sucessivo Capitán General. Por eso hoy los disidentes cubanos, recelosos unos de los otros, decimos con mucha razón histórica: “es que cada cubano lleva un dictador dentro”.

De España, más que sudaditos, fuimos esclavos. Y luego de las independencias, lejos de ciudadanos (de donde emanan todos los poderes), hemos sido los nacionales del proyecto del caudillo o líder (meros instrumentos, pues), que es en sí mismo, más que el gobernante, es el estado, la patria.

Muerto Chávez, agotada la etapa de la revolución bolivariana, donde la figura del Líder era imprescindible, se avoca Venezuela al desafío histórico de si Maduro o Capriles son capaces de elevar a Venezuela a la nueva dimensión histórica que exige el siglo XXI.

CAPRILES Y/O MADURO

Maduro, un líder sindical, acostumbrado a la dirección gremial, con oportunidades para hacer un gobierno desde las bases, procurando que los poderes del estado legitimen los reclamos populares en esas asamblea masivas del llamado “gobierno de la calle”, comenzó equivocadamente: primero Chávez, como caudillo al fin, lo designó su sustituto, apoderándose de un derecho que sólo le corresponde al pueblo; y segundo, Maduro cometió la inmadurez de creerse que era Chávez y vino con los cuentos de los pajaritos, y perdió en solo un mes un millón de seguidores.

Capriles, fue más astuto. En su campana habló a favor de todo aquello que siempre había rechazado, pero que fue el factor del éxito de Chávez: las misiones, los pobres, darle la ciudadania a los medicos cubanos, e incluso, quiso acercarse ideológicamente al Chavismo, proclamándose “lulista” y habló de los derechos ciudadanos, solo que, su candidatura está apoyada por un sector que fue la causa de la revolución y no cuenta con el favor de la historia.

De modo que el futuro de Venezuela depende de si Maduro es capaz de despojarse de la imagen de Chávez y con brillo propio, apoderar al pueblo de sus derechos soberanos, y hacer que los órganos de gobierno, viabilicen sus justas aspiraciones. O, por otro lado, dada la incapacidad personal de Maduro de llevar a cabo su misión histórica, Capriles emerja con un proyecto que se aleje cada día mas de los poderes que empobrecieron al pueblo, y dentro de un proyecto incluyente, reconciliador, haga al venezolano un verdadero ciudadano, con capacidad de, a partir de su plenitud, donarse y trascenderse, en una a Venezuela con todos y para el bien de todos.

Faisel Iglesias es un eminente jurista cubano, instaurador del nuevo pensamiento contitucionalista cubano, que tiene sus origénes en Agramonte y Martí .
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HAY LIBERTAD RELIGIOSA EN CUBA ?

El diario Granma del martes 30 de abril dedica una página —de lasocho con las que cuenta— a un trabajo de la colega Dalia GonzálezDelgado. Su título tiene forma de interrogante: “¿Hay libertad religiosa en Cuba?”.

 Lo primero que llama la atención es que ni uno solo de los entrevistados pertenece a los cultos de mayor implantación en nuestro país. Figuran dos protestantes, un judío y un musulmán; pero ningún miembro de la Iglesia Católica, sin dudas la más importante entre las que tienen reconocimiento oficial. También falta algún representante de los cultos animistas de origen africano, que gozan de gran respaldo popular.

Aun dejando a un lado el tema de la representatividad —o falta de ella— de los interrogados, lo cierto es que tres de los cuatro dejan sin respuesta la pregunta que da título al trabajo. Por su parte, la propia informadora, en los párrafos con los que da inicio a su reportaje, tampoco ofrece una contestación terminante.

La colega González comienza aludiendo a los informes del Departamento de Estado norteamericano, que incluyen “a Cuba entre los países que imponen trabas al ejercicio de la religión”. Señala que el más reciente de ellos afirma que “mejoró el respeto del gobierno”, pero aclarando que “siguen vigentes restricciones importantes”.

El primer entrevistado, David Prinstein, vicepresidente de la Comunidad Hebrea, reconoce el pequeño tamaño de ésta, alude a que las autoridades comunistas toleraron la existencia de la única casilla privada del país, que expende carne ajustada a las normas dietéticas judaicas, y menciona la ausencia de antisemitismo en Cuba.

Armando Rusindo, presidente de la Iglesia Morava de la Isla, señala que hay un “despertar de la fe en los cubanos” y afirma que los avances que se han observado en el tema religioso “son dignos de ser aplaudidos”. No obstante, concluye que se debe “demostrar cada vez mejor lo que la religión puede aportar a una nación”.

Por su parte, Pedro Lazo, presidente de la Liga Islámica de Cuba, tras aludir a los “miles de musulmanes” que hay en nuestro país, reconoce que en éste “aún no se ha construido ninguna mezquita”. A pesar de lo anterior, este entrevistado asegura: “Las autoridades del Gobierno están a favor de la total y completa libertad de religión de la gente”.

Por último, Kirenia Criado, dirigente del Centro Memorial Martin Luther King, apunta que su institución “trabaja también el tema de la solidaridad”. “No queremos una iglesia grande, sino una sociedad mejor”, afirma. En cuanto a las relaciones con el poder, asevera que “siempre han sido de muchísimo respeto”. Señala que “Cuba está en un proceso de cambios”, pero existen discrepancias en el rumbo a tomar.

Los dos cristianos entrevistados son los que con mayor claridad aluden a la necesidad de continuar por la ruta de la normalización de las relaciones entre el Estado y las denominaciones religiosas. “Aún hay caminos por recorrer”, se plantea en la entrevista de Rusindo; “se deben ‘abrir más espacios de diálogo’”, dice la Criado.

Eufemismos aparte, hay un hecho innegable: Es cierto que en Cuba ha quedado atrás la época de la persecución abierta a las creencias religiosas y de la prédica del llamado “ateísmo científico”. Se puede decir que, en lo fundamental, hay libertad de culto, aunque no han faltado algunas localidades en que incluso este derecho ha sufrido determinadas limitaciones de carácter puntual. Pero mientras existan denominaciones no reconocidas de modo oficial (las religiones afrocubanas son el ejemplo más obvio), mientras estén prohibidas las escuelas confesionales y limitadas las posibilidades de erigir sitios de culto (lo cual ha sufrido en carne propia el optimista musulmán de la entrevista), mientras el acceso a los medios masivos de comunicación se conceda sólo como una dádiva hecha a título excepcional, y no sea un derecho, no habrá libertad de religión en Cuba.

Creo que ésa es la verdadera contestación a la pregunta formulada por la informadora oficialista, que, en esencia, ella y casi todos sus entrevistados optaron por dejar sin respuesta.

La Habana, 2 de mayo de 2013

René Gómez Manzano

Abogado y periodista independiente

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